Normita

A rededor de 1925, en la ciudad de México, los conjuntos de los músicos Cirilo Marmolejo y Concho Andrade, tocaban regularmente y con mucho éxito en la famosa cantina llamada “El Tenampa”. El mariachi del Andrade intervino, en la primera transmisión de radio en México y al año siguiente el grupo de Marmolejo hizo las primeras grabaciones de mariachi en disco.

Estas agrupaciones tocaban de manera alternada una semana dentro de la cantina y una semana afuera, así surgió la tradición de la plaza de Garibaldi.

Se sabe que durante la primera mitad del siglo XIX surgió en Cocula, Jalisco, el Mariachi Salinas, el cual, a  pesar de haber sido especialista en música vernácula, destacó también porque en sus interpretaciones utilizaron un guitarrón, dos violines, una vihuela y una chirimía.

La agrupación de Cirilo Marmolejo, el afamado Mariachi Vargas de Tecalitlán, introdujo la trompeta en el típico conjunto musical mexicano. Tecatitlán, introdujo la trompeta  en el típico conjunto musical mexicano, fue tal el éxito obtenido que el General Lázaro Cárdenas (1895-1970) invitó a dicha agrupación a su campaña electoral por la República. El resultado fue una revaloración del mexicano por este género de música regional.

Durante  El Porfiriato y el afrancesamiento nacional que lo acompañó, el desarrollo de la música de mariachi fue lento, ya que , junto al tequila, se le juzgó propio de las clases bajas, sin embargo, su cultura es tan valiosa que la UNESCO, en el 2011, catalogó al mariachi como patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En la actualidad disfrutamos de Mariachis en fiestas tanto nacionales como extranjeras, hay en Japón, España, Canadá, Francia entre otros.

El valor reside en el término medio entre la cobardía y la temeridad.

Miguel de Cervantes Saavedra

No siempre el que se sitúa en el término medio es mediocre, como podrán ver, el término medio tiene su valor, sólo hay que procurarlo en el entorno justo de la situación. Lejos de ser mediocre el que se encuentra entre la decisión de actuar o no actuar, bajo el contexto de la cobardía o la valentía , se podría llamar prudente.

En la vida siempre se presentarán hechos que no reclamarán de forma invariable una decisión, cuya consecuencia tendrá repercusiones, y el gran temor que se presenta en estas decisiones, es el miedo al fracaso principalmente, lo cual impide empezar cosas nuevas, y olvidamos que el verdadero error está en el hecho de nunca comenzar nada.

El fracaso no es el problema, en realidad es el temor, el miedo a parecer una persona mediocre; evitemos sentir miedo, porque éste impide las intenciones creativas.

Emprendamos sin temor, sólo el valiente inicia proyectos y sabe que puede fracasar, pero no lo incomoda, muchos valientes también han fracasado, ero tienen una recompensa en su vida, se distinguen porque lo intentaron. Es verdad que iniciar algo nuevo da miedo, pero iniciémoslo de cualquier manera.

La Villa de San Sebastián Bernal ( en otomí: Ma’hando) es un pueblo del estado mexicano de Querétaro. Es famosa por su ubicación al pie de la Peña de Bernal, el tercer monolito más grande del mundo, después del Pan de Azúcar, Brasil, y el Peñón de Gibraltar, España.

Por su altura (350 metros), edad (10 millones de años) e importancia histórica, dicha roca es un buen lugar para escalar, practicar el rappel o simplemente para recorrer a pie.

Debido a que San Sebastián Bernal fue fundado por varias familias españolas (1642), cuenta con bellas edificaciones que conservan detalles como faroles y balcones de singular belleza, pertenecientes a los siglos XVII y XIX.

La mejor manera de disfrutar este poblado es recorriendo sus hermosas calles para admirar antiguas casonas, visitar las tiendas de artesanías, entre las que destacan productos de lana, manta, además probar los típicos dulces de leche y de fruta cristalizado.

También es indispensable deleitarse con los platillos preparados en cazuelas de barro y fogones rústicos: las gorditas martajadas con chile rojo, las enchiladas serranas acompañadas con cecina o la barbacoa de borrego tapada con pencas de maguey.

Desde la primera transmisión radiofónica del mundo (Estados Unidos 1906) los sistemas de radiodifusión se han extendido progresivamente: sin embargo, fue a partir de 1920 cuando comenzaron las primeas transmisiones regulares con programas de entretenimiento.

En México, los hermanos Pedro y Adolfo Gómez Fernández produjeron un programa musical que se emitió por primera vez el 27 de septiembre de 1921 desde Córdoba, Veracruz. Dicha emisión radiofónica permaneció al aire hasta enero del siguiente año y se realizó para festejar el centenario de la firma de los tratados de Córdoba (1821). Los cuales oficializaron la independencia de México.

Plutarco Elías Calles en 1924 utilizó la emisora de El Universal Ilustrado (La casa de la Radio), para su campaña política, la cual implicó el reconocimiento de este sistema como medio poderoso de difusión para esta actividad.

Actualmente la transmisión de la radio por internet avanza con celeridad, desde finales del siglo pasado muchas de las grandes emisoras comenzaron a transmitir información por la red para llegar a un mayor público.

La transmisión vía web de radio y televisión es tan efectiva que puede rivalizar con la programación abierta de ambos sistemas, esto ha impulsado el desarrollo de la banda ancha en el medio radiofónico, el cual tiene mejor capacidad para transportar más información de mayor velocidad.

Ingredientes:

1 ½ tazas de garbanzos (cocidos)

½ taza de arroz

2 cdtas. de aceite de canola

1 cebolla chica (finamente picada)

1 diente de ajo (machacado)

1 chile rojo (fresco, sin semillas y finamente picado)

2 jitomates (pelados, sin semillas y finamente picados)

1 yema de huevo

3 cdas. de cilantro (picado)

1cdta. de pimentón

1 taza de agua

Sal y pimienta, al gusto

Elaboración

Hervir el agua. Agregar el arroz y cocerlo a fuego bajo, tapado, hasta que esté blando y haya absorbido toda el agua. Retíralo de la lumbre y dejar enfriar. Precalentar el horno a 175°C. Calentar el aceite en una cacerola  saltear la cebolla moviendo hasta que esté blanda; agregar el ajo y el chile, freír dos minutos, retirar la cacerola de la estufa e incorporar los jitomates. Vaciar los garbanzos y hacerlos puré; agregar la mezcla de cebolla, arroz, la yema de huevo, el cilantro, el pimentón, sal y pimienta; revolver bien. Dividir en 12 porciones y formar las albóndigas. Ponerlas sobre una charola y hornearlas durante 30 minutos o hasta que doren, voltear con cuidado al transcurrir la mitad del tiempo. Servir calientes acompañadas por ensalada.